Vecinos de Palma contra el turismo masivo: la ingeniosa protesta que llena las plazas para ahuyentar…
Vecinos de Mallorca ‘reconquistan’ sus plazas con cenas al aire libre contra el turismo masivo. Una protesta pacífica que desafía al Ayuntamiento.
Vecinos de Palma de Mallorca han convertido la protesta contra la saturación turística en un ritual semanal: cada miércoles, unas 500 personas ocupan las plazas del centro histórico con sus tuppers para cenar al aire libre, en una acción de "reconquista" pacífica del espacio público que ha desatado un conflicto con el Ayuntamiento y la patronal hotelera.
El colectivo Brunzit, cuyo nombre evoca el zumbido de las abejas, lidera esta iniciativa que busca recuperar metros cuadrados que consideran cedidos al turismo masivo. La plaza de la Catedral, mirador sobre el mar y epicentro fotográfico de los 13,6 millones de visitantes que recibió la isla el año pasado, es uno de los escenarios principales. Sin embargo, la tensión escaló el 21 de julio, cuando el Ayuntamiento suspendió con solo dos días de antelación una cena prevista en la plaza de Cort, pese a que el permiso se había tramitado en mayo. La respuesta vecinal fue una concentración de 200 personas que denunció una "doble vara de medir": mientras los turistas obtienen autorizaciones sin problema, los residentes encuentran trabas administrativas.
La patronal CAEB ha pedido formalmente que estas cenas no obliguen a los bares a retirar sus terrazas, argumentando pérdidas económicas. Pero el portavoz de Brunzit, Pau Riera, lo resume sin rodeos: el aumento de terrazas y negocios orientados al visitante ha "expulsado a los residentes" del centro. Los datos respaldan esta queja: en Barcelona, la superficie ocupada por terrazas creció un 70% entre 2019 y 2023, y en Madrid se contabilizan más de 6.400 terrazas con 204.000 sillas, muchas de ellas en situación irregular. Detrás de cada plaza reconquistada hay, además, un problema de vivienda: los pisos turísticos elevan los alquileres hasta un 19% en los barrios con mayor concentración y expulsan a la población local, un fenómeno que el sociólogo Ubaldo Martínez Veiga definió como "aglomeración compensatoria".
La iniciativa también tiene un componente social: estas cenas funcionan como terapia colectiva contra la soledad no deseada, que afecta al 20% de los mayores de 75 años en España. En Gelsa (Zaragoza), un pueblo de 960 habitantes, una convocatoria similar para "salir a la fresca" reunió al 40% del censo. La plataforma Menys Turisme, Més Vida, que agrupa a más de 60 entidades, llevó a entre 25.000 y 70.000 personas a las calles de Palma el 26 de julio bajo el lema "Mallorca al límite", exigiendo límites a la compra especulativa de vivienda y la eliminación del alquiler vacacional. La pregunta que subyace en cada sopar a la fresca es contundente: si las plazas son de todos, ¿por qué no habitarlas?
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