Joven no vidente de Santiago clama por tratamiento para su epilepsia
Juan Gabriel Mosquea lucha contra la ceguera y la epilepsia: un doble desafío que expone la crisis de acceso a medicamentos en RD. Su historia es un llamado…
Juan Gabriel Mosquea, un joven de 33 años residente en Santiago, libra una doble batalla diaria contra la discapacidad visual y la epilepsia, una condición neurológica que exige un tratamiento permanente para prevenir crisis que pueden hacerle perder el conocimiento en cualquier momento. Su caso, visibilizado a través de un llamado de auxilio, pone de relieve las dificultades que enfrentan miles de dominicanos que padecen enfermedades crónicas y que dependen de un acceso constante a medicamentos y atención especializada.
La epilepsia, un trastorno del sistema nervioso central que se manifiesta en convulsiones recurrentes, requiere de un control médico riguroso y de una adherencia estricta a los fármacos anticonvulsivos. En el caso de Mosquea, la condición se agrava al combinarse con su ceguera, lo que limita su autonomía y aumenta los riesgos asociados a un episodio súbito. Cualquier interrupción en la medicación podría desencadenar crisis que comprometan no solo su integridad física, sino también su capacidad para desenvolverse en un entorno que ya de por sí le presenta barreras significativas.
El joven santiaguero, pese a las limitaciones, aspira a mantener una vida lo más independiente posible. Su día a día depende en gran medida del apoyo de su entorno familiar, que asume la responsabilidad de gestionar sus citas médicas, la compra de medicamentos y la supervisión constante de su estado de salud. Sin embargo, esta red de contención no siempre es suficiente cuando los costos de los tratamientos superan las posibilidades económicas del hogar, una realidad compartida por muchas familias de escasos recursos en el país.
El caso de Mosquea evidencia una de las principales deficiencias del sistema de salud dominicano: la falta de un seguimiento integral para pacientes con enfermedades crónicas. Si bien existen programas de asistencia, la continuidad del tratamiento suele verse interrumpida por la escasez de medicamentos en los centros públicos, los altos precios en el sector privado y la limitada cobertura de los seguros de salud. Para quienes viven con epilepsia, estas interrupciones no son un simple contratiempo administrativo, sino una amenaza directa a su vida y a su calidad de vida.
La situación de este joven no vidente también invita a reflexionar sobre la intersección entre discapacidad y salud. Las personas con discapacidad visual que padecen otras condiciones médicas requieren de un abordaje multidisciplinario que, en la práctica, resulta difícil de obtener. La accesibilidad a los servicios de salud, la comunicación efectiva con el personal médico y la disponibilidad de información en formatos adaptados son elementos que, aunque básicos, siguen siendo un desafío pendiente en la agenda pública.
El llamado de Mosquea trasciende su caso particular y se convierte en un espejo de las carencias estructurales que afectan a los pacientes crónicos en la región del Cibao y en todo el país. La necesidad de un sistema de salud que garantice el acceso continuo a tratamientos especializados, que no abandone a los pacientes después de un diagnóstico y que ofrezca redes de apoyo efectivas es una deuda que el Estado dominicano tiene pendiente con su población más vulnerable. Mientras tanto, historias como la de este joven santiaguero seguirán dependiendo de la solidaridad familiar y de la esperanza de que las autoridades escuchen su clamor.
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