El PRM y su escuela de poder: las lecciones que deja la gestión oficial
PRM escribe su manual anti-PRD: Abinader controla el partido y el reloj sucesoral rumbo a 2028. ¿Unidad blindada o jugada maestra?
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha decidido escribir su propia cartilla de supervivencia política, y lo hace con una lección bien aprendida: la de su antecesor, el PRD, que convirtió sus disputas internas en un lento pero sostenido viacrucis hacia el cementerio electoral. Con la mirada puesta en 2028, la cúpula oficialista ha repartido posiciones estratégicas con equilibrio y precisión quirúrgica, en un movimiento calculado para blindar la unidad y evitar que los titulares internos se conviertan en el prólogo de una derrota.
La jugada central es clara: Luis Abinader se queda con la presidencia del partido y, con ella, el silbato para arbitrar una sucesión que promete intensificarse. No es un detalle menor. Controlar el aparato partidario desde la cúspide le permite al mandatario moldear los tiempos, los ritmos y, en última instancia, el desenlace de una competencia interna que apenas comienza. En el ajedrez político dominicano, quien controla el reloj controla el partido, y Abinader acaba de sentarse en la cabecera del tablero.
Carolina Mejía, por su parte, deja la Secretaría General con las manos libres para aspirar a la candidatura presidencial, mientras su hijo, Juan Garrigó, hereda ese poderoso despacho. La jugada, que algunos califican de casualidad política, tiene una lectura más profunda: se premia la lealtad, se protege un capital político en ascenso y se garantiza que el aparato organizativo quede en manos de alguien con vínculo directo con una de las figuras más relevantes del partido. No es nepotismo, es ingeniería política fina.
Gloria Reyes asciende a Organización, un puesto clave para el control territorial y la movilización de base, y varias mujeres ocupan posiciones relevantes en la nueva estructura. Deligne Ascención, por su lado, se coloca en la primera vicepresidencia, consolidando un perfil técnico que ha ido ganando peso dentro del oficialismo. La foto oficial muestra sonrisas y todos los sectores internos representados, sin nadie pateando la mesa. Pero que la imagen sea armoniosa no significa que debajo no haya movimientos estratégicos.
David Collado, Carolina Mejía y los demás aspirantes saben que comienza otra competencia: la de controlar estructuras, sumar dirigentes y conquistar simpatías dentro del partido. La diferencia con el PRD es que esta vez las disputas no se libran con sillazos, sino con movimientos calculados en un tablero donde cada pieza tiene un propósito. El PRM ha entendido que la unidad no se decreta, se administra, y que la mejor manera de evitar una guerra interna es repartir el botín antes de que alguien reclame.
Lo que conviene observar de aquí en adelante es cómo se comportan los aspirantes en esta nueva fase. La estructura partidaria es solo el andamiaje; la verdadera prueba será quién logra capitalizar el trabajo territorial, quién consigue alianzas con los sectores emergentes y quién mantiene la disciplina cuando las encuestas empiecen a moverse. El PRM ha cambiado los sillazos por el ajedrez, y en ese tablero, Abinader acaba de mover su primera pieza. El resto de la partida, como siempre, se jugará en los próximos meses.
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