Rusia presenta un colosal submarino nuclear diseñado para desplegar una de las armas más letales jamás…
“Descubre la amenaza oculta: los submarinos nucleares rusos que pueden cambiar el juego estratégico con su poderoso torpedo autónomo, Poseidon.”
La historia de los grandes submarinos nucleares vuelve a poner el foco en una vieja obsesión militar: esconder bajo el océano sistemas capaces de cambiar el equilibrio estratégico sin ser detectados. Esa lógica, alimentada desde la Guerra Fría, sigue presente en Rusia, que ha apostado por recuperar el valor disuasorio de las armas submarinas más extremas.
El caso más llamativo es el del Khabarovsk-class, un submarino nuclear concebido casi por completo alrededor de una sola misión: servir de plataforma para Poseidon. No se trata de un sumergible convencional orientado a patrulla o escolta, sino de un buque diseñado para transportar y lanzar ese torpedo autónomo de gran tamaño con capacidad estratégica nuclear.
Poseidon fue presentado por Rusia en 2018 como un arma “invencible” y, según el Kremlin, imposible de interceptar. Su planteamiento es el de un sistema submarino de largo alcance, capaz de recorrer distancias intercontinentales y de amenazar ciudades costeras, infraestructuras críticas o incluso grupos de portaaviones. Más allá del mensaje político, su sola existencia obliga a la OTAN a considerar nuevas formas de vigilancia y defensa frente a amenazas autónomas bajo el agua.
Las imágenes satelitales y los análisis de fuentes abiertas apuntan a que el Khabarovsk combina rasgos de los submarinos rusos Borei y Belgorod, aunque con una configuración claramente orientada a maximizar su función como portador de Poseidon. Con unos 135 metros de eslora, el diseño parece priorizar grandes compartimentos en la proa para alojar hasta seis torpedos Poseidon, dejando un margen muy reducido para armamento convencional.
Ese enfoque revela una renuncia consciente a la versatilidad en favor de una capacidad estratégica muy específica. Rusia sacrifica funciones multipropósito para concentrar recursos en un sistema pensado más para la disuasión y el impacto psicológico que para la guerra naval tradicional.
Aun así, persisten dudas sobre el alcance real de sus prestaciones y sobre cuánto de lo anunciado responde a propaganda. Lo que sí parece claro es que el Khabarovsk introduce una amenaza difícil de encajar en los esquemas defensivos actuales: una plataforma nuclear dedicada a desplegar un arma submarina autónoma que obliga a Occidente a invertir en detección, seguimiento y respuesta ante escenarios de alta complejidad.
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