La informalidad laboral, un reflejo de la vulnerabilidad en el mercado de trabajo.
“Descubre cómo la sociedad dominicana se enfrenta a la bipolaridad emocional y la falta de comprensión de sus causas, ¿cómo podemos cambiar el retrato…
En la República Dominicana, la publicación de informes globales y regionales por parte de instituciones como el Foro Económico Mundial, el Banco Mundial, la OCDE, el BID, la CEPAL y el FMI desencadena una reacción bipartita en la sociedad. Por un lado, los medios y las redes sociales se llenan de homenajes al pesimismo, mientras que por otro lado, la gente vuelve a festejar la vida y a rumiar las quejas. Esta transición es espectacular, revelando el carácter movedizo de las masas y la bipolaridad emocional de una sociedad sin pensamiento orgánico.
La sociedad dominicana parece estar atrapada en una dinámica de causa y efecto, donde el retrato estadístico de nuestras carencias se ve reflejado en la actitud subjetiva de la población. Para optimizar la realidad objetiva, es necesario cambiar la actitud subjetiva. Sin embargo, la sociedad no ha entendido las causas de su estado, adoleciendo de una comprensión robusta de su visión y realidad. La educación no ha llegado a tanto, y la gente muestra un dócil asentimiento a su realidad, basado en el pesimismo social y la apatía prohijada por la comodidad individual.
La sociedad dominicana se divide en dos grupos: los que resisten un "sistema del carajo" y los que les importa un "carajo el sistema". En medio de esta disyuntiva, se escurre una clase política que "vive del sistema" y en tal condición le importa "otro carajo" su futuro. La clase política y los centros que controlan la economía tienen poderes de presión para reestructurar la distribución del gasto y del ingreso, la inversión social, la transparencia pública, las políticas sociales de protección y seguridad a segmentos vulnerables.
La crisis global ha truncado la perspectiva "incrementalista" de la sociedad occidental, y asoman entonces los miedos, las dudas y las ansiedades. En la República Dominicana, el futuro óptimo es sobrevivir al presente, con una proyección lineal de sus expectativas. Esta decepción se manifiesta como "venganza ideológica" en algunas sociedades políticas de Occidente, que han optado por insubordinarse "a su manera", reprochando los modelos políticos y económicos tradicionales a través de propuestas "alternas".
La falta de reformas significativas en la República Dominicana se debe a que los beneficios del progreso van a los que dominan el sistema. Los gobiernos se ven obligados a diluir sus intenciones en intenciones, y ninguna reforma se atreve a asumir la seguridad social, eléctrica, fiscal, entre otras. Esta situación se ha mantenido durante tres décadas, y no hay razones para aceptar que andamos mal en un "ordenamiento" que, a pesar de sus agotamientos, funciona dentro de "su racionalidad".
Los centros que controlan la economía tienen poderes de presión para reestructurar la distribución del gasto y del ingreso, la inversión social, la transparencia pública, las políticas sociales de protección y seguridad a segmentos vulnerables. Sin embargo, para ellos, estos problemas son del Estado, y su contribución más épica es el empleo, que se crean acreedores del cielo cuando proclaman los miles de puestos que generan como si eso fuera un acto de espontánea filantropía.
En resumen, la sociedad dominicana se encuentra atrapada en una dinámica de causa y efecto, donde el retrato estadístico de nuestras carencias se ve reflejado en la actitud subjetiva de la población. Para optimizar la realidad objetiva, es necesario cambiar la actitud subjetiva, pero parece que esta tarea es demasiado compleja para la sociedad dominicana.
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