La irrupción de la IA amenaza los ambiciosos objetivos climáticos de las grandes tecnológicas
“La revolución de la IA generativa pone a prueba el compromiso climático de la industria tecnológica: ¿podrán mantener su promesa de energía limpia?”
Durante años, buena parte de la industria tecnológica construyó su relato climático sobre metas muy precisas: más energía limpia, menos emisiones y operaciones alineadas con el horizonte de 2030 o 2040. Ese discurso convivía con el crecimiento de internet, los servicios en la nube y las aplicaciones cotidianas. La irrupción de la IA generativa ha alterado por completo ese equilibrio, porque no solo multiplica los servicios inteligentes, sino también la necesidad de infraestructura, electricidad y capacidad de cómputo.
El último movimiento relevante apunta a Microsoft. Según ha publicado Bloomberg, la compañía estaría estudiando posponer o incluso dejar de lado uno de sus objetivos energéticos más exigentes, en un contexto en el que la expansión de la IA está elevando de forma notable sus necesidades de potencia informática. No se trata de un caso aislado: otras grandes tecnológicas también están encontrando más dificultades para encajar sus compromisos ambientales con el crecimiento acelerado de sus centros de datos.
Microsoft anunció en julio de 2021 su compromiso 100/100/0, una meta que buscaba igualar el 100% de su consumo eléctrico con compras de energía de cero emisiones de carbono durante el 100% del tiempo y antes de 2030. La exigencia era máxima, porque no planteaba solo compensar el consumo anual con renovables, sino aproximarse a una correspondencia hora a hora dentro de las mismas redes eléctricas en las que opera. Ahora, ese objetivo estaría sometido a una presión creciente mientras la empresa intenta encontrar margen para alimentar sus centros de datos.
La respuesta oficial, por el momento, no confirma un giro definitivo. Microsoft no ha validado ese posible cambio y su directora de sostenibilidad, Melanie Nakagawa, ha insistido en que la compañía mantiene sus metas ambientales. También ha subrayado que cualquier ajuste formaría parte de una revisión del enfoque, no de una renuncia a la ambición a largo plazo.
Google también fijó en 2021 una meta de gran alcance: alcanzar emisiones netas cero en todas sus operaciones y en su cadena de valor para 2030, incluidos sus productos de hardware de consumo. Para ello, se comprometió a reducir un 50% sus emisiones absolutas respecto a 2019 y a compensar lo que no pudiera recortar mediante soluciones de eliminación de carbono, tanto naturales como tecnológicas. Sin embargo, su informe ambiental de 2025 muestra la dificultad de cumplir esa hoja de ruta: en 2024 registró 11,5 millones de toneladas de CO2 equivalente, un 11% más que el año anterior y un 51% por encima de su referencia de 2019.
Amazon, por su parte, lanzó en septiembre de 2019 junto a Global Optimism The Climate Pledge, con el objetivo de llegar a cero emisiones netas de carbono en 2040. La iniciativa exigía medir y reportar emisiones con regularidad, aplicar estrategias de descarbonización y neutralizar los residuos con compensaciones adicionales verificables y permanentes. Aun así, en septiembre de 2023, Data Center Dynamics informó de que la Science Based Targets initiative había retirado el compromiso de Amazon de su panel y lo había clasificado como “compromiso vencido”, después de no alcanzar un acuerdo sobre un objetivo de emisiones suficientemente ambicioso.
El trasfondo es claro: la demanda energética de los centros de datos está creciendo con rapidez. El Departamento de Energía de EEUU calcula que consumieron alrededor del 4,4% de la electricidad del país en 2023 y que podrían situarse entre el 6,7% y el 12% en 2028. A escala global, la Agencia Internacional de la Energía prevé un salto de unos 415 TWh en 2024 a cerca de 945 TWh en 2030. No todo ese aumento se explica por la IA, pero sí es evidente que la IA se ha convertido en uno de los principales aceleradores de esa presión sobre la red.
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