El colapso del régimen de Trujillo y sus secuelas en la historia de la República Dominicana

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La vida de Rafael Leónidas Trujillo, el dictador dominicano, estaba marcada por una disciplina estricta y una rutina preestablecida. Sin embargo, ese día 30 de…

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La vida de Rafael Leónidas Trujillo, el dictador dominicano, estaba marcada por una disciplina estricta y una rutina preestablecida. Sin embargo, ese día 30 de mayo de 1961, sería diferente. Su ropa de uniforme militar color verde olivo le indicaba a los que lo rodeaban que planeaba una visita a San Cristóbal, donde lo esperaba una doncella en la Hacienda Fundación.

Según los testimonios de historiadores como Víctor Gómez Bergés, Juan Daniel Balcácer y otros, Trujillo comenzó el día como era costumbre en él. Amaneció en la Estancia Radhamés, su residencia oficial, y recibió informes de inteligencia cerca de las 5 de la mañana. Luego, acompañado de su edecán militar, Coronel Marcos Jorge Moreno, visitó la Base Aérea de San Isidro, donde se molestó con el Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, General José René Román Fernández, por un charco de agua en la entrada.

Trujillo se dirigió luego al Palacio Nacional, donde recibió funcionarios y tuvo reuniones con diversas personalidades, incluido su cercano colaborador, Virgilio Álvarez Pina. En el Palacio Nacional, también participó en un almuerzo con un grupo de amigos, incluido el Dr. Miguel Ángel Báez Díaz, quien comunicó por teléfono a don Antonio de la Maza, uno de los principales responsables del ajusticiamiento del dictador, que Trujillo planeaba ir a San Cristóbal esa noche.

Después del almuerzo, Trujillo se dirigió a la Estancia Ramfis, una de sus residencias habituales, y luego visitó a su madre, doña Julia Molina. A media tarde, se dirigió al malecón, donde se montó en su vehículo y decidió volver a la Base Aérea de San Isidro para inspeccionar el desperfecto de la llave rota que había visto en la mañana.

Trujillo se enfureció al ver que la llave permanecía sin repararse y decidió abandonar el lugar. Luego, partió acompañado de su chofer, Zacarías de la Cruz, con destino a San Cristóbal, sin imaginar que la muerte lo acechaba.

El grupo de complotados, liderado por Antonio de la Maza, había estado organizando la conjura desde la llamada que había recibido del Dr. Báez Díaz. Se concentraron en tres vehículos y planificaron interceptar el Chevrolet Velt Air de Trujillo, que iba manejado por su chofer, Zacarías de la Cruz.

Minutos después de pasar la zona de la Feria Ganadera, Trujillo fue interceptado por sus verdugos, quienes lo dispararon y lo hirieron gravemente. El dictador abrió la puerta trasera del vehículo y se desmontó con dificultad, ya herido y sangrando. Luego, Antonio de la Maza se le acercó y le disparó en la cara, lo que se considera el "tiro de gracia" que provocó la caída del dictador.

Fuente original: consultar publicación original.

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